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¿Cómo se ven el racismo y el clasismo en el cine?

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Después de conseguir el Gran Premio del Jurado en el festival de Venecia, la película de Michel Franco Nuevo Orden se convirtió este fin de semana en el mayor debut nacional tras la reapertura de cines en México. El alto perfil de su estreno fue alimentado no solo por el galardón obtenido en uno de los certámenes más importantes del mundo, sino también, en buena medida, por las conversaciones que suscitó desde la presentación de su trailer y que despertaron reflexiones necesarias y profundas sobre cine, clasismo y representación.

Sin embargo, vale la pena empezar por el principio: ¿Qué es una película clasista? ¿cómo se construyen en pantalla las visiones desiguales y el miedo al «otro»? ¿Cómo podemos identificarlo? Los críticos Fabiola Santiago, Arantxa Luna, Alonso Díaz de la Vega y Sergio Huidobro nos abren caminos de reflexión para el inicio de nuestro análisis.

¿De qué se habla cuando se habla de una «película clasista»? 

«Diría que son películas que reproducen prejuicios nocivos de distinción racial o de clase de manera acrítica», explica Fabiola Santiago, periodista y crítica de cine. «Ejemplos muy básicos: películas en las que las personas afrodescendientes son serviciales y están a disposición de sus empleadores blancos; cintas en las que se presenta a personajes de origen indígena como perezosos e ignorantes; o películas en las que se hace mofa del acento de personas de culturas menos favorecidas como si el acento fuera una marca de menor capacidad o inteligencia. Esto hay que subrayarlo: el racismo y el clasismo refuerzan sistemas de opresión».

«Hablamos de un trabajo que refuerza estereotipos», coincide, por su parte, la guionista y crítica de cine Arantxa Luna. «¿Cómo lo hace? A través de decisiones en toda la producción: desde el guion hasta la dirección. Dónde colocamos la cámara, cómo la colocamos, de qué manera (o no) está presente, cómo pensamos y complejizamos los elementos (personajes, arte, etcétera) de la película».

¿Cómo puedo identificar si una película ayuda a perpetuar problemas como el clasismo o el racismo?

De acuerdo con el crítico Alonso Díaz de la Vega, es posible identificar fácilmente el clasismo y el racismo en una obra, pues en ella convergen una serie de elementos, tanto dramáticos como cinematográficos, que indican el pensamiento que imbuye a la misma:

«Los prejuicios que tiene un creador cinematográfico son fácilmente perceptibles a partir de varios elementos. El primero y más elemental –y no precisamente cinematográfico–, es el dramático. ¿Cómo construye a sus personajes? Si nos damos cuenta de que hay una abundancia de personajes blancos y que tienen suficientes momentos que demuestren sus cualidades humanas (miedos, gustos, alegrías, etc.), y que por otro lado hay una cantidad –generalmente menor, pero digamos que igual– de personajes de otras ‘razas’ o clases, y ellos no tienen ese desarrollo de carácter o de personalidad, pues nos podremos dar cuenta de que se está beneficiando, en términos de humanización, a los personajes blancos. Y dado que nuestras estructuras sociales son coloniales, es decir, que los blancos son más valorados que todos los demás, nos vamos a dar cuenta de que ahí hay un prejuicio racista».

De acuerdo con Alonso, también es posible construir una deshumanización a nivel visual, no solo dramático. «Por ejemplo, si no les vemos los rostros a ellos y a los blancos o a los ricos, sí. Cuando se les da un rostro a unos, los ricos, los blancos, los heterosexuales o cisgénero, y a los otros no, etc. [El clasismo en una película] es algo plenamente cuantificable, que se puede identificar desde las imágenes y desde el drama. Y por eso es muy importante que sepamos analizar tanto drama como imágenes». 

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Premiada en el festival de Venecia, Nuevo orden, de Michel Franco, despertó debates sobre cine, clasismo y representación.

Fíjate en el cómo: haz preguntas

Para Fabiola Santiago, un camino que puede ayudarnos al análisis de las imágenes y las obras es hacernos preguntas como espectadores, sobre todo cuando se trata de narrativas que retratan jerarquías o desbalances de poder: «¿Cómo se está filmando la relación de desigualdad? ¿Se complejiza? ¿Se cuestionan las posiciones de poder? «¿Se justifica la opresión?«.

«¿Lo que veo en pantalla simplifica las experiencias del otro?», propone como cuestionamiento clave Arantxa Luna, para quien una película es resultado de un engranaje complejo. «¿Dónde está la mirada?

La representación y las experiencias del «otro», en este sentido, toman un lugar protagónico en el análisis. «A veces es tan sencillo como ponerse por un momento en la cabeza de ese otro (asiático, norteño, empleado doméstico) y preguntarnos si hay algo de lo que vemos en pantalla que no correspondería a nuestra identidad cultural y si, por lo tanto, nos parecería ofensivo o denigrante», señala el crítico Sergio Huidobro. «No siempre es tan simple, pero es bueno ejercitar esta práctica con cualquier película que veamos, sea la que sea. No se trata de prohibir o censurar, sino de que como audiencia estemos dispuestos siempre a cuestionar y dialogar con lo que nos ofrece una pantalla».

El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, cuyo racismo es posible observar en la forma en que representa a los blancos como «buenos» y los negros como salvajes.

¿Puede una película representar el clasismo o el racismo sin ser clasista o racista?

«¡Por supuesto que sí! porque el problema no es la representación de los fenómenos sino la representación desde estas perspectivas«, asegura Alonso Díaz de la Vega. «Una persona racista inevitablemente va a hacer una película racista porque, vamos, uno no puede creer que las personas no blancas son infrahumanas y luego representarlas con complejidad en una película. Las ideas que uno tiene siempre se van a filtrar en las cosas que uno crea. Pero si uno representa el clasismo desde la crítica, desde la distancia, e incluso desde la disidencia, se va a notar«.

«Es super interesante ver cómo se consigue», comparte Fabiola Santiago. «Me gusta mucho el caso de Las niñas bien, de Alejandra Márquez Abella, en la que el personaje principal es una mujer de clase alta que aconseja a sus hijos no juntarse con mexicanos en el extranjero y se burla de otra mujer por sus gustos y expresiones asociados a la clase. Sin embargo, la dinámica va cambiando y su poder social se desmorona al ritmo de su poder económico. De cierto modo, la burla se le regresa cuando esa otra mujer ocupa el lugar que antes ocupaba ella. La película consigue así representar el clasismo sin ser clasista, pero tampoco aleccionadora».

Sergio Huidobro, por su parte, enlista algunos ejemplos de cintas que logran poner el problema en la mesa sin caer en sesgos o prejuicios. «Entre mis favoritas en este aspecto están Alí: el miedo devora las almas, de Rainer W. Fassbinder; Haz lo correcto (1989), de Spike Lee, o Gran Torino, de Clint Eastwood, cuyos directores logran presentar a personajes complejos, humanos y creíbles pertenecientes a clases o razas distintas a la suya. En otros casos, hay películas como Green Book (2018) de Peter Farrelly que, aunque parecen tener la intención de denunciar el racismo, terminan reforzando ciertos prejuicios, quizá por torpeza o desconocimiento».

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Viggo Mortensen y Mahershala Ali en Green Book, de Peter Farrelly.
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Las niñas bien, de Alejandra Márquez Abella.

¿Qué importancia tiene si una película es clasista o no? ¿Por qué hay que analizarlas?

«Vale la pena cuestionarnos como espectadores», afirma Sergio Huidobro. «Estoy en contra de la supresión de obras o autores y tengo varias dudas alrededor de la cultura de la cancelación, pero estoy convencido de que es una conversación que tiene que abrirse más, y tenemos que estar dispuestos a pensar los audiovisuales que consumimos no solo desde nuestra identidad cultural, sino de las que nos son ajenas».

De acuerdo con los analistas, es importante tener en cuenta que el cine es resultado de su tiempo: está hecho por un alguien, inmerso en cierta cultura, geografía y contexto. Por lo tanto, el cine también puede reforzar estructuras de poder y opresión. «Nada en el cine es ingenuo», afirma Arantxa. » [Abrir la conversación] es una puerta para comenzar a cuestionar los discursos hegemónicos en el cine y su industria. Lo que está en la pantalla importa, los discursos que provienen de ella son fundamentales porque son el resultado de historias de vidas, de experiencias, de conocimientos situados».

«Creo que el cine y la televisión tienen un peso enorme en la construcción de nuestras miradas», enfatiza Fabiola. «Claro que entran en juego otras cosas, pero también hay una responsabilidad enorme en los realizadores, pues sus películas llegan a influir en nuestras ideas sobre el mundo. Si sostienen representaciones racistas y clasistas, éstas se van quedando en la mente de los espectadores. Por eso es importante cuestionarlas: uno, para cuestionar las representaciones que vemos (¿para quién son convenientes? ¿ayudan a mantener un orden determinado?) e ir exigiendo películas que no contribuyan a esos sistemas de opresión. Y dos, para ser conscientes de que lo que vemos en pantalla no es la realidad, sino una visión particular«. 

Ser conscientes de que una película proviene de una visión particular y situada es, también para Alonso, una herramienta clave para ser un espectador activo y autónomo. «Los críticos esteticistas sostienen que el cine está aislado, pero me parece una mentalidad profundamente religiosa, porque están ubicando al cine por encima de la realidad», afirma. «Hay racistas haciendo películas, pedófilos y homófobos haciendo películas, y si uno recibe esas imágenes pasivamente, pues uno se deja convencer por ellas. Uno no puede solo admirar el genio de Leni Riefenstahl, ¡porque claro que lo tenía!, sin cuestionar para qué estaba usando esas imágenes».

El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl.

¿Qué pasas si descubro que me gusta una película clasista? ¿Soy una persona clasista?

No necesariamente.

«Creo que es importante pensar en lo que vemos y mirar con ojos críticos, sin castigarnos como espectadores», propone Fabiola. «No creo que por gustar de una película clasista una sea inmediatamente clasista, pero sí creo que hay grandes descubrimientos sobre nosotras mismas cuando nos preguntamos por qué nos gusta lo que nos gusta».  

«A lo mejor uno se identifica con alguno de los personajes, por algo que vivimos, o por ciertos rasgos de personalidad», dice Alonso. «No necesariamente nos gusta todo lo que contiene una película cuando nos gusta. Pero sí, también es posible que lo que nos guste de ella sea esa representación clasista. Sí es posible que al estarla viendo, uno diga: sí, sí tiene razón, así son los pobres de resentidos, de violentos, de vulgares, etc. Entonces, si uno está de acuerdo con ese tipo de aspectos, pues uno está siendo tan clasista como la película».

El cambio, sin embargo, empieza con y siempre viene en forma de preguntas: «Tan sólo plantearte esta pregunta (o leer este artículo) es una pausa para lanzar cuestionamientos a lo que se ve en pantalla», señala Arantxa. «No creo que el cine se trate sobre levantar el dedo y señalar, más bien creo que se trata de invitar al diálogo, lanzar argumentos, debatir. El cine no es una carrera por imponer tus razones, pero al mismo tiempo creo que es posible un cine desde la ética y el respeto, la curiosidad y la empatía».

¿Cómo podemos empezar? Sergio Huidobro propone algunos caminos: «No se trata de forzarnos a mudar de gustos, sino a mirarlos y pensarlos con mayor detenimiento. Algo que puedes hacer es echarte un clavado en cineastas e historias de otras procedencias para preguntarte cómo se podrían representar las mismas historias desde otro punto de vista: un ejemplo sencillo, haz una lista de las películas que has visto ambientadas en África: ¿Diamante de sangre, África mía, Pantera negra? Piensa cuántas de éstas son películas hechas en África o por cineastas africanos. Intenta lo mismo con historias sobre mujeres, latinos, obreros, migrantes, afroamericanos, etc. Te prometo que es un ejercicio fascinante y la única consecuencia es que serás un cinéfilo más completo y con mayor curiosidad».

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